lunes, noviembre 20, 2006

HAMLET, OFELIA



Ser o no ser, ésta es la cuestión. ¿Cúal es más digna acción del ánimo: sufrir los tiros penetrantes de la fortuna injusta u oponer los brazos a este torrente de calamidades y darles fin con atrevida resistencia?

Morir es dormir. ¿No más? ¿Y por un sueño, diremos, las aflicciones se acabaron y los dolores sinnúmero, patrimonio de nuestra débil naturaleza...?

Este es un término que deberíamos solicitar con ansia. Morir es dormir... y tal vez soñar.

Sí, y ver aquí el grande obstacúlo; porque el considerar qué sueños podran ocurrir en el silencio del sepulcro, cuando hayamos abandonado este despojo mortal, es razón harto poderosa para detenernos.

Esta es la consideración que hace nuestra infelicidad tan larga.

¿Quién, si esto no fuese, aguantaría la lentitud de los tribunales, la insolencia de los empleados, las tropelías que recibe pacífico el mérito, de los hombres más indignos, las angustias de un mal pagado amor, las injurias y quebrantos de la edad, la violencia de los tiranos, el desprecio de los soberbios, cuando el que esto sufre pudiera procurar su quietud con sólo un puñal?

¿Quién podría tolerar tanta opresión, sudando, gimiendo bajo el peso de una vida modesta, si no fuese por el temor de que existe alguna cosa más allá de la muerte, aquel país desconocido, de cuyos límites ningún caminante torna, nos embaraza en dudas y nos hace sufrir los males que nos cercan antes que ir a buscar otros de que no tenemos seguro conocimiento?

Esta previsión nos hace a todos cobardes: así la natural tintura del valor se debilita con barnices pálidos de la prudencia; las empresas de mayor importancia por esta sola consideración mudan camino, no se ejecutan y se reducen a designios vanos. Pero....!la hermosa Ofelia! Graciosa niña, espero que mis defectos no serán olvidados en tus oraciones.


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1 comentario:

emejota dijo...

(un abracico muy fuerte)